Siempre he creido que la lectura es algo absolutamente personal, pero esta mañana en transmilenio, compartí mi libro con un extraño.
Estaba releyendo, buscando las razones que tenía Antígona para haber tomado la determinación de hacer los rituales funerarios a su hermano.
Yo iba en la parte cental del bus, en los que son como un acordión, de forma rectangular, estaba de pie y tenía el libro apoyado en una superficie plana del bus, de repente sentí que el señor que estaba junto a mi estaba leyendo del libro, yo dejé de leer y comencé a mirarlo de soslayo, y efectivamente me dí cuenta que sí estaba conmigo en la lectura. me causó gracia, pero dejé que él continuaba leyendo, yo ya había terminado la página y de alguna manera estaba dando tiempo para que él también la terminara y poder pasar la página, luego de unos segundos. Lo mire con tranquilidad y le dije: ya puedo pasar la hoja?; el señor e miró y cuando se dio cuenta que le hacía la pregunta no por burla ni por envidia, sino porque en realidad queria saber si ya podía pasar me respondió con una sonrisa y me dijo: si! claro, tranquila. Lo miré, me reí y pasé la hoja, después de eso creo que el señor me acompañó unos renglones más y después seguramente se sintió, algo metido y no volvió a leer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario