El aire del libro es pesado, es imposible de respirar, no se renueva, está encerrado, no circula, no cambia.
Igual que ésta histortia, en el proceso siempre es lo mismo, nunca sucede nada nuevo, es estático, a veces se torna denso, pesado.
K. es un ser que, aparentemente, siempre ha estado enterado de lo que sucede a su alrededor, y en esta ocasion no conoce nada: enjuiciado y no sabe por qué, no conoce nada del mundo en el que sin buscarlo ahora se encuentra. Tiene que luchar contra una justicia que no conoce y que inevitamblemente estará con él hasta que no solucione su juicio.
Conoce personas que han estado enjuiciados y otros que ya conocen ésa justicia, y cada vez el panorama es menos alentador, indiscutiblemente su proceso durará mucho tiempo y si por alguna razón queda "libre" tiene todas las posiblidades de iniciar un nuevo proceso en cualquier momento.
El proceso es como un laberinto al que nadie quiere entrar, pero de alguna manera aparece allí dentro y a su espalda está la puerta con llave, es imposible salir, lo único que queda es comenzar a caminar y a buscar la salida, caminar y caminar para luego sentirse un poco más perdido, más agobiado, más encerrado, más enjuiciado...
Es en definitiva como si sólo existiera un poco de aire, al que K. y yo nos rehusamos respirar, él un poco más incómodo que yo, pero soy como su sobra, una sombra con pulmones propios, y que estoy pegada a sus pasos aunque al igual que él no quiero caminar por éste laberinto, que parece no tener ninguna salida.
Pareciera como si Kafka me dijera al oído mientras leo: tranquila, todo podrá estar un poco más enredado, entra en El proceso para enetender esta historia.
¿He comenzado mi propio juicio?
No hay comentarios:
Publicar un comentario